Murr, Charles Theodore / Escritor
“Y ERA DE NOCHE” (una novela del autor Charles Theodore Murr) aborda la cuestión del efecto psicológico de la traición, no en el traidor, sino en el traicionado. ¿Qué significa para un hombre fundamentalmente bueno ser traicionado por alguien en quien confÃa implÃcitamente? Peor aún, ¿ser traicionado por un grupo de antiguos amigos que conspiran juntos, cada uno por sus propios fines egoÃstas? «Dios te ampare cuando un amigo se propone traicionarte», le dice un mentor a Charlie al inicio de Y Era de Noche. «Tus enemigos no pueden traicionarte, Charlie; solo un amigo puede hacerlo; pero cuando los amigos colaboran en una traiciónÂ… ¿quién podrÃa salir victorioso contraÂ… toda una compañÃa de Judas?»
Ambientada en la capital italiana, el centro de México y Nueva York durante las décadas de 1970 y 1980, la intrincada trama de este libro es vasta y laberÃntica. Aunque no es para los pusilánimes, la novela contiene una buena dosis de humor. (Un obispo particularmente inepto, por ejemplo, es “la nada hecha carne”; y una excéntrica madre general de RÃmini, que se cree destinataria de revelaciones divinas, “no solo habla en lenguas, sino que evidentemente también piensa en lenguas”).
En conjunto, Y Era de Noche resulta difÃcil de clasificar. Como relato de un hombre bueno pero imperfecto en el sacerdocio, que busca su salvación con “temor y temblor” en México, recuerda a El poder y la gloria de Graham Greene. Por su galerÃa de personajes absolutamente extravagantes y sus giros argumentales disparatados, evoca La conjura de los necios de John Kennedy Toole. Es también un roman à clef, una especie de ajuste de cuentas, una denuncia sin tapujos de la iniquidad humana, cuyo propósito es claramente poner nombres sobre la mesa.
Por encima de todo, sin embargo, es la historia de la vida de un hombre, narrada en forma de novela pero carente de la unidad artificial que una ficción puede lograr, participando asà de la rareza y el misterio que caracterizan a toda vida humana. Charlie Murr, junto con el lector, se pregunta por qué Dios, en su providencia, permitió que le sucedieran cosas tan terribles y maravillosas.
En este último aspecto, Y Era de Noche recuerda un episodio de La Divina Comedia. En los cielos de Saturno, san Pedro Damián se adelanta a recibir al peregrino Dante, y este le pregunta por qué Dios lo eligió a él, entre todos los santos de aquel cielo, para ser portavoz. El santo responde: “El alma más iluminada del cielo, el serafÃn que fija más su mirada en Dios, no podrÃa dar respuesta a tu pregunta”. La respuesta a tales interrogantes, dice, “se halla oculta en lo profundo del abismo de la ley eterna de Dios, de modo que la vista de cualquier criatura que Él creó queda apartada de ella”. Y concluye: si tales cosas son incognoscibles incluso para los bienaventurados en el cielo, ¡cuánto más escaparán a quienes aún habitamos en el mundo mortal!
En Y Era de Noche un hombre se plantea esas mismas preguntas sobre su propia vida y, al aceptar finalmente que de Dios no llegarán respuestas, encuentra en ello una respuesta. Como Job al final de la catástrofe, no queda con preguntas acerca de los cómos y porqués de Dios, sino con las preguntas de Dios hacia él mismo. Y, como Job, llega a comprender que las preguntas de Dios son mucho más saciantes que las respuestas de los hombres