López Alonso, Luis / Escritor
Como esas figurillas de Nadal maltratadas para sembrar nieve por dentro; así la olla, con nosotros adentro, adentranos (aterrizando en un levigar determinado) hacia un mundo que nos rodea define nuestro centro. Un mundo que también podría ser el propio cuerpo, la carne, la oblea o la flor de lis, que en dintel abre la palabra vértice de la uña: sus nervaduras en las terrazas, en la piel, en la ménsula, en las cubas, en las que se burla de la mar.
En la densidad de este océano mineral, el ollo lee la barra que la pelusa, elevándose, define en pulsación. Y en este rugido del mar, en esta pulsación, la palabra implosiona expansiva, pique abismal, invitándonos a la atenta espera. Sólo entonces se abre la caja y es la caída de la lectura atreverse a desencajar el vídeo ante los ojos y asomarse al rosal de estos versos de abrochos, fósiles y marusías, donde la poesía se despliega en contra y para sí. La esencia es grandiosa, el don es mayor.
Genaro da Silva
ahora
(aflorado no es el salitre
scumanos
donde nada cubre nada
nasa náufrago de ser
no es: taxonistas
solo de fósiles sedimentamos)
todavía