Xil Xardón, Xabier / Escritor
Duermes en el lugar de origen esperando los cuerpos
donde todo pasa y nada termina nunca.
Te aferraste a esta piel de voz anidada en el ayer.
El aire entre la asamblea está
incomunicado .
En el país del tendido eléctrico la historia se inscribe en el paisaje a través de la presencia de un caballo, o de muchos, o de un caballo tras otro, o de su rastro. Los caballos pastan.
A partir de ahí todo se ensancha, convirtiéndose en un contagio cuerpo a cuerpo que crea tensión e intensidad contra los silencios aterradores. Estos cuerpos son arrastrados por una inercia que los hace avanzar y los deja colgando en el centro del vértigo. El vértigo precede a lo pronunciable y adquiere un poder que trasciende la materia y se retuerce en el abismo. El fuego bajo hierve el fluido de la inconsciencia y alimenta esta plaga que se propaga, atraviesa las calles y se olvida de definirse dentro de la existencia. Turr del vuelo de los pájaros para escupirlos contra la muerte.
¿Y dónde empatar incluso con palabras si la cartografía se define a imagen del silencio? : "En la parte posterior del mapa, donde todo es blanco, / ahí están nuestras coordenadas". Y en esa ausencia de trazado para celebrar obtusamente el único callejón sin salida: el retiro, esa forma de perder lo indecible, por transparente o sin origen. Nos advirtió al principio que no había lugar para quedarse: "como si fuera una ciudad habitable / bajo el sol público del invierno".
He aquí el contagio que recorre el territorio, el ritmo de su galope acompaña a un yo salvaje que a menudo asiste al regreso, y que ya ha agotado las municiones de las fugas hacia adelante. Intenta nombrarte para construir ese lugar que falta, tal vez una puerta, que se abre al otro lado. Así termina.
Silvia Penas Estévez