Tengarrinha, Margarida / Escritor
“Éramos jóvenes y querÃamos un mundo mejor, en un Portugal donde la pobreza campaba a sus anchas, dominado por un pequeño grupo de grandes financieros, monopolistas y terratenientes. Éramos jóvenes y querÃamos la libertad, porque nos ahogábamos en un Portugal dominado por todos miedos: la censura omnipresente en las noticias de los diarios, impedÃa las obras de teatro, prohibÃa la publicación de libros a través de la estrecha retÃcula de un Ãndice tan feroz como el de la antigua Inquisición; la policÃa polÃtica era una araña siniestra que, desde el antro de la tortura en En la calle António Maria Cardoso de Lisboa y en la Rua do HeroÃsmo, en Oporto, extendió su telaraña por ciudades y pueblos, fábricas y empresas, escuelas y cuarteles, ampliándose a través de una red de informantes y soplones que eran sus ojos y oÃdos: la PIDE podÃa arrestar,torturar y matar con impunidad, y tenÃa otra arma más discreta y no menos eficaz, quitarle el pan a su adversario.
Para muchos, el paÃs en el que les ha tocado vivir a ellos, clandestinos y no clandestinos, resistentes, militantes y amigos , y en el que eligieron luchar en condiciones que ninguno de nosotros tenemos que soportar, puede parecerles lejano y extraño a muchos. el pasado es un paÃs extranjero, escribió LP Hartley, en una frase a menudo citada en relación con la creciente incapacidad de las sucesivas generaciones para inscribir el pasado en sus vidas -y sobre todo los pasados ??que, como los de los resistentes comunistas clandestinos, difÃcilmente encajan en las narrativas hegemónicas sobre el origen de la democracia, y sobre todo de cómo se defiende y se practica. Para que este pasado quede inscrito en nuestras vidas, no nos queda más remedio que comprometernos en la lucha por la memoria de la resistencia. (Â…) En este caso, Margarida Tengarrinha busca rescatar del olvido y homenajear a “personas que, con mayor o menor importancia, protagonizaron y estuvieron en lo más alto de momentos clave de la vida polÃtica, o participaron en ellos de forma anónima, oscura, sin dejar sus nombres registrados en la historia,
[Del prólogo de Manuel Loff]"