Pato, Chus / Escritor
El que camina recorre extensas avenidas
a ambos lados se levanta cruces con cabezas de león
sobre columnas de bronce,
deslumbra la voz de los cielos.
La llanura se eleva ante mí
porque no conozco otra forma de superarla que ser verdaderamente devorado,
el volcán
el fuego.
HeloiseEntonces, pretendiendo ser tragado por referencias mitológicas, permite que los falsos presagios y las verdaderas joyas de lo simbólico se asienten bajo su lengua. Y ahí coloca su voz. Entonces la esmeralda. Con dificultad contiene la risa por las cosquillas que le hacen, que a los poetas siempre les producían, las formas de la Tradición Unánime a cien pesos, igual que la primavera. Recordando lentamente y usando nombres bíblicos, actúa en una escena prestada con el único propósito de apuñalar a ese dios con cara de ratón, también escondido en máscaras y ceremonias antiguas. Heloise lo seduce; poema a poema quema los querubines el disfraz para que aparezca. Desafía las cosas ridículas planteadas por el patriarcado cabalístico o hiperbóreo, gana el derecho a elegir su propio nombre. Que ya no es el nombre del Padre.
Xabier Cordal