Guerra, Jorge / Escritor
América, cuánto evoca tu nombre. Otros te “descubrieron” antes, que no ambicionaban imperios, ni te presentaron en sociedad. Varios visitantes, tal vez a destiempo, dejaron su rastro, objetos fuera de lugar y tiempo para la oficialidad, en algún rincón de tus llanuras y montañas, para pasar a la posteridad como reyes sin trono.
Eternos navegantes, antiguos aventureros envueltos en mitos, tejieron leyendas sobre nuevos mundos más allá de los lÃmites del imaginario, dejando ecos y murmullos de sus travesÃas sin destino ni fin por los mares del planeta.
Mapas que te muestran sin estar, sin haber nacido para la ombliguista Europa. Los más astutos, los de secretos eternos, ya coleccionaban cartas marinas como presagiosde un tesoro por “descubrir” cuando se dieran las circunstancias que por casi un siglo de sigilos gestionaron con paciencia.
Una vez más la riqueza natural es una desgracia porque se la llevan otros. El Temple, que saturó Europa de plata, ¿de dónde la sacaron? Toda esta historia rezuma cruces templarias por todas partes, desde palacios monárquicos hasta velas que impulsaron los navÃos que surcaron el mar que los llevó a la isla que bautizaron San Salvador, pasando por el mismÃsimo Palacio Apostólico.
Los tiempos los marca Roma, y los permisos de conquista también. Son los astutos, los de secretos eternos. Qué energÃa tan densa desprenderá Roma para atraer a todos los caminos; incluso las nuevas rutas que se abren por el mundo orientan su senda hacia la larga sombra de la Curia Romana. Quién le iba a decir a un Quechua que dicha silueta marcarÃa para siempre su destino.
¿Y el protagonista principal?, el personaje que consumó la hazaña de cruzar el Atlántico bajo los correspondientes visados. Tantas identidades se le han atribuido a Colón, hasta que el consenso academicista lo acuna con identidad genovesa. ¿Y si este interés por hacerlo nacer en Génova fuese una tapadera?, una maniobra de despiste para ocultar una cuna de mayor rango que desde muy joven lo eligió y forjó para la gran gesta.
El meticuloso y detallado trabajo de investigación, que están a punto de leer, ofrece una identidad rara vez expuesta por historiadores, la cual va creciendo conforme el protagonista se mueve por el mundo antes de convertirse en el personaje encumbrado para siempre por la historia.
Si por algo se diferencia de otras esta investigación es por enlazar hechos y personajes bajo la perspectiva de afrontar el revisionismo de la historia como una búsqueda de “sospechosos habituales” que la academia oficial, y también la alternativa, apenas contempla o considera como determinantes.
Tanta conquista épica para acabar sucumbiendo ante la Pérfida Albión. Tanta revolución para un mero cambio de amos. Sin embargo, la cruz permanece en América para siempre. De conquistadores a conquistados, el ciclo nunca acaba.
Sin el papel determinante de sociedades secretas, discretas, órdenes religiosas y de caballerÃa, no se completa el relato de conquista e independencia de los actuales paÃses que conforman el mundo de habla hispana.
Los nuevos aires de la Ilustración europea llegaron con sotanas y academias, y las logias escribieron capÃtulos que nunca leerás en los libros de historia oficial.
Entre leyendas negras y rosas discurre la sangre derramada por los más débiles, un proceso que se ha repetido a lo largo de la historia. Siempre los imperios crecieron aplastando culturas ajenas, y América no fue la excepción.
Del antes al después, del cubrimiento a la llegada, de la condición humana que no supo contener sus peores pecados, a la caÃda en manos de la usura. Es el viaje que usted está a punto de iniciar recorriendo estas páginas.