Plauto, Tito Macio / Escritor El Joven, Plinio / Escritor
Puede parecer sorprendente que los romanos, hace tanto tiempo ya, creyeran en fantasmas y, dentro de
la obra escrita por sus autores, trataran sobre ellos. Aquà rescatamos dos de ellas.
Mostellaria (siglo II a.C., hacia el año 193 de esa era, obra de Plauto), cuyo significado en nuestro idioma
serÃa algo asà como La comedia del fantasma, es una especie de comedia de enredo, en donde el
fantasma no es un ser real, sino una aparición inventada, lo que no quita que sea la obra fundamental
para entender las supersticiones romanas sobre los espectros. Mostellaria es entonces el argumento del
fantasma como mentira. La trama cuenta la historia de un hijo que ha dilapidado la fortuna de su padre
en fiestas y lujos mientras este está de viaje. El progenitor regresa de improviso, momento en que se
encuentra con el mejor esclavo de la familia, que se inventa la mentira de que la casa está encantada
para evitar que el recién llegado entre en ella.
La obra que hemos titulado Tres historias de fantasmas (107 y 108 d.C.) son tantas cartas como las que se
indican escritas por Plinio el Joven a un amigo suyo, en las que no utiliza los fantasmas como un recurso
literario, sino un hecho dado y real que tenÃa que investigarse tanto por los sabios como por los filósofos.
A través de ellas, plantea una pregunta a su compañero que se podÃa escribir como algo asÃ: ¿Existen los
fantasmas y tienen figura propia... o son solo imágenes vacÃas nacidas de nuestro miedo? Para ayudar a
responder a esta cuestión aporta tres ejemplos, como ya se ha dicho: El fantasma de la casa de Atenas, El
fantasma del liberto Curcio Rufo y Los peluqueros nocturnos, un hecho ocurrido en su propia casa.