Echavarren, Roberto / Escritor
En el último Foucault -me refiero a los seis últimos cursos publicados- convergen las lÃneas de su reflexión. Es aquà donde acomete de modo explÃcito su tarea como filósofo, tal como él la entiende. Más que la metafÃsica platónica que ha dado lugar a las tradiciones ontológicas de la filosofÃa, le interesa la filosofÃa como interpelación de lo real en relación a circunstancias polÃticas concretas y opciones personales de vida. A lo largo de su carrera como investigador ha vinculado dos esferas de funcionamiento del individuo. Ha pasado, desde Las palabras y las cosas, que es un estudio de la historia del conocimiento, a la veridicción; y de los regÃmenes de subjetivación (Historia de la locura, Vigilar y castigar) a la gobernabilidad de sà y de los otros, articulando una perspectiva conjunta de las relaciones entre verdad, poder e individuo. El devenir presente motiva las genealogÃas. La investigación histórica proporciona una perspectiva extemporánea, da a entender de dónde venimos y cómo hemos llegado aquÃ. Foucault propone una filosofÃa polÃtica de la historia, que es una filosofÃa de la guerra y de las técnicas de gobernabilidad, a partir del evento presente, que aún no es historia sino devenir intempestivo de luchas. La filosofÃa de Foucault se comprende en relación con su circunstancia, marcada por un antes y un después: mayo del 68. Fue un acontecimiento no programado, en rigor imprevisto: fue crÃtica puesta en acto. Y corresponde en el tiempo no con Rousseau ni con Robespierre, sino con Foucault y Deleuze, quiénes eran ellos y otros entonces. ¿De qué contaban en todo esto? ¿Cómo se posicionaron o cómo intervinieron en este acontecimiento? A diferencia del marxismo profético, Foucault ancla su teorÃa en el presente. Sus investigaciones, sus genealogÃas, están en contacto con el presente en términos éticos y polÃticos. El acontecimiento todavÃa no es historia, relativiza la historia, pertenece a la vida, deja de lado en suspenso el desenlace y resultados. Requiere un análisis a través de nuevos conceptos, requiere la invención de un nuevo imaginario polÃtico. El poder y la verdad son los problemas que Foucault investiga. En vez de concentrarse exclusivamente en el aparato de Estado, atiende al funcionamiento micropolÃtico de las relaciones entre grupos y entre individuos. El método no es, a todo evento, otra cosa que el propio trayecto, una historicidad, no de la contradicción, sino del acontecimiento, resultado de estrategias de sujeción y de resistencias múltiples parcialmente incontrolables. En relación a Foucault, podemos hablar de nominalismo filosófico y de empirismo histórico. Nominalismo, aquÃ, significa tener en cuenta la materialidad económica, jurÃdica, polÃtica, corporal, discursiva, que impida todo retorno a la metafÃsica. Contrarresta el importe ontológico de las nociones, impide olvidar la relación entre logos y alogos en el pensamiento real. El empirismo contrarresta cualquier intento de totalización y sobredeterminación en el campo histórico. En contraste, la dialéctica aparece como una manera de esquivar la realidad, que es cada vez más azarosa y abierta, reduciéndola al esqueleto hegeliano; y la semiologÃa, como una manera de esquivar el carácter violento, sangrante, mortal, reduciéndolo a la forma apacible y platónica del lenguaje y del diálogo.