Cervantes, Miguel de / Escritor
El propio Don Quijote, en el umbral de la "Segunda parte" (1615), no da crédito a sus oÃdos: "¿Es, pues, verdad que hay una historia sobre mÃ?" Es verdad, responde el bachiller Sansón Carrasco, y este cuento -la "Primera parte" del Quijote, publicado diez años antes-, "los niños lo hojean, los jóvenes lo leen, los adultos lo entienden y los viejos lo celebran". En definitiva, en una década, la novela de Cervantes se ha convertido en sujeto de su propia narrativa y empieza a invadir el mundo real. ¿Vemos un caballo demasiado delgado? ¡Rocinante! Cuatrocientos años después, esto sigue siendo cierto. Rossinante y Dulcinea han ocupado su lugar en la lengua francesa, que les ha quitado la mayúscula. El ingenioso hidalgo que fue jinete de uno y caballero de otro es miembro eminente del club de los personajes de ficción que han escapado de su creador, de su libro y de su tiempo, para gozar para siempre de su propia y universal notoriedad. Pero no fijo: cada época reinventa el Quijote. En el siglo XVII, la novela se percibÃa sobre todo como el viaje burlesco de un héroe cómico. En 1720, una Carta persa descubrió allà la clave de la decadencia española. La España de la Ilustración se defiende. Cervantes pronto se convierte en el escritor por excelencia del paÃs, como lo son en casa Dante, Shakespeare y Goethe. En lo que les parece una odisea simbólica, AW Schlegel ve la lucha entre la prosa (Sancho) y la poesÃa (Quijote), y Schelling la de lo real y lo ideal. Flaubert –cuya Emma Bovary será descrita como Quijote en enaguas por Ortega y Gasset– declara: es "el libro que me sabÃa de memoria antes de saber leer". Este libro, Dostoyevsky lo saluda como el más grande y el más triste de todos. Nietzsche encuentra muy amargos los desaires sufridos por el héroe. Kafka, fascinado, escribe "la verdad sobre Sancho Panza". Cuando Freud lo menciona en La Broma, la novela tiene trescientos años, y los estudiosos siguen preguntándose qué quiso "poner" Cervantes en ella. “Lo vivo es lo que descubro allÃ, lo ponga o no Cervantes”, responde Unamuno. Luego viene Borges, con "Pierre Ménard, autor del Quijote": la identidad de la obra, ¿qué encierra? al leer que hacemos? Es un poco pronto para decir qué lecturas hará el siglo XXI de Don Quijote. Sin embargo, nunca es demasiado temprano para experimentar el poder contagioso de la literatura. Don Quijote tuvo esta experiencia a su costa. Sin haber leÃdo a Foucault, creÃa que los libros decÃan la verdad, que las palabras y las cosas debÃan parecerse entre sÃ. Ya no tenemos esa ilusión. Pero tenemos otros, y son ellos, quizás, nuestros propios molinos de viento, los que continúan haciendo de las aventuras del ingenioso hidalgo una experiencia de lectura realmente inolvidable.