Anónimo / Escritor
A veces, el título de un libro dice mucho sobre el contenido que alberga sin desvelar en realidad la trama.
«Los muertos sobre la mesa» fue una doctrina acuñada por ETA y su entorno para significar que no había una mejor forma que negociar lo que ellos pretendían, que nadie tenía muy claro que fuese otra cosa además de matar, disfrazándolo de una reivindicación de la independencia del País Vasco que al final autoconvirtió a esta banda terrorista como la autoridad suprema que decidía quién debería vivir y morir en el territorio que reclamaba como suyo.
«La difícil transición» desvela las dificultades que una generación entera tuvo para conseguir que en
España hubiese un proceso reformista que convirtiera un país dominado por una dictadura militar en una
democracia al modo de las occidentales. El camino estuvo lleno de piedras porque a los cada vez más
numerosos asesinatos de ETA se unieron los del GRAPO, un grupúsculo que empezó a matar justamente
cuando Franco estaba dando los últimos estertores, algo que nunca comprendió nadie, más las muertes
ocasionadas por los grupos armados de la ultraderecha e, importantísimo, por las reticencias del Ejército
para asumir que España no podía seguir estando en la Edad Media, anclada en esa época por el fascismo,
y que hicieran públicas manifestaciones de su descontento e incluso pergeñaran la primera trama
golpista ocurrida en esos años, finales de los 70, con la que se llamó Operación Galaxia.
Los muertos sobre la mesa o la difícil transición es una novela, cuyos hechos están narrados en primera
persona por el protagonista, el inspector de policía Manuel Moreno, que aparte de narrar el ambiente
enrarecido de la época, cuenta también las cosas que competen a su oficio, esto es, investigar crímenes.
En este libro trata dos casos, uno referente a unos asesinatos cometidos por los GRAPO y otro de una
trama oscura que no es lo que parece.